Hay cosas tan arraigadas a la cultura que rara vez nos detenemos a pensar en su origen. Por ejemplo, ¿a quién se le ocurrió ponerle ojos y boca a las calabazas? Halloween es una de las festividades más importantes en Estados Unidos y en el mundo entero. La Ciudad de México incluída. Basta con darse una vuelta al Mercado de Coyoacán y ver los pasillos atiborrados de disfraces.
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¿Cómo surgió esta tradición? Halloween, según la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, se originó a partir de un antiguo evento religioso llamado “Samhain” en el que la gente se disfrazaba para alejar a los fantasmas.
La tradición se preservó y evolucionó al “Día de Todos los Santos”, celebrado el 1 de noviembre. Un dato importante es que el día anterior era conocido como “All Hallows Eve”. Una cosa llevó a la otra y la noche del 31 de octubre se convirtió en Halloween.
Con el correr de los años la festividad ha evolucionado, los disfraces han estado desde un principio pero se han incorporado otros elementos, como las calabazas talladas. Esta tradición se basa en una leyenda irlandesa en la que el diablo le regaló a un hombre un pedazo de carbón en llamas, dentro de un nabo, para iluminar su camino. A partir de ahí, los irlandeses comenzaron a tallar nabos con figuras tenebrosas para ahuyentar a los espíritus malignos. Estados Unidos lo retomó y cambió los nabos por calabazas.
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¿Y qué hay de las calaveritas? El famoso “dulce o truco” se basó en la creencia celta de que dejar comida, calmaba a los espíritus. Después la ofrenda de comida se redujo a dulces y se incorporó a las actividades de Halloween —y los niños felices—.
Algunos mexicanos no consideran importante celebrar la noche de Halloween pero muchos otros sí lo incluyen en su agenda de temporada. Y tú, ¿saldrás a pedir calaverita?