Arquitecto: Juan O’Gorman, 1932
Lo más importante en esta casa, además del lenguaje moderno y la propuesta constructiva, es el uso para el que fue creada.
Hay que revisar las áreas: la recámara o el despacho del pintor no son nada si los comparamos con el taller, alto y enorme. También es justo señalar el puente que comunica, física y emocionalmente, a dos maestros del arte en México. Este es un buen ejemplo de cómo el arquitecto interpretó las necesidades de Diego y Frida para mezclarlas con sus propias inquietudes y exhibir el resultado en un edificio funcional.
Aunque sólo se trata de un par de viviendas, ha sido objeto de estudio y de provocaciones, como cuando el ingeniero Raúl Castro Padilla dijo que estaba pintada con colores de pulquería. Vale la pena curiosear al lado, en lo que planeaba ser el hogar de la familia O’Gorman (construido nuevamente e inaugurado hace un par de meses). Es evidente la conexión entre los dos trabajos, pero el realizado en la esquina de Altavista alcanza un grado máximo.